LA PALABRA
“Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón”.
Hebreos 4:12
LA VOZ DE DIOS
27 Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, 28 y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.
Juan 10:27-28
ÁRBOL DE VIDA
El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios.
Apocalipsis 2:7
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«Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.» Efesios 2,10.

Dios me creó según su perfecta voluntad. Esto no fue un evento al azar, sino algo que Él pensó y planeó cuidadosamente. Él me escogió antes de la fundación del mundo, y me dio esta única personalidad, talentos y habilidades que en su sabiduría y gracia sabía que serían lo mejor.

Él me escogió antes de la fundación del mundo, y me dio esta única personalidad, talentos y habilidades que en su sabiduría y gracia sabía que serían lo mejor.

Cuando soy libre de mis propios complejos – de inferioridad, superioridad, etc. – aprendo a utilizar los dones y habilidades que Dios me ha dado para servirle de la manera que Él planeó para mí. De esta forma mis ojos están abiertos para aprovechar las oportunidades que he recibido, y vivir ante el rostro de Dios. De este modo puedo vivir de una forma agradable a Él, y ser libre de este esfuerzo de ser la persona «perfecta» por los motivos equivocados.

Utilizar lo que Dios me ha dado

Cuando soy totalmente fiel con lo que Dios me ha dado, puedo confiar en que Él tiene un plan perfecto para mí, y no hay ninguna razón para estar descontento o ansioso por mi futuro. ¡Él tiene cuidado de mí! No puedo ser «el mejor del mundo» o perfecto en todo, pero cuando llevo a cabo cada tarea con todo mi corazón como para el Señor y no para los hombres (Colosenses 3,23), con la actitud correcta y en el espíritu correcto, entonces es bendecida. Entonces aprenderé como hacerlo cada vez mejor.

¡Así que ahora, a pesar que mi naturaleza perfeccionista todavía está presente, ya no siento como que vivo en una «olla a presión»! No puedo permitir que la competitividad y el esfuerzo opaquen y restrinjan los dones que Dios me ha dado, porque ahí me encontraría fuera de su voluntad. ¡Pero con simpleza y fidelidad puedo hacer lo que Él me ha dado para hacer, y estar en reposo por dentro!

Yo puedo ser como barro en manos del alfarero – Dios puede utilizarme, y puedo ser moldeado en la persona que Él ha pensado que sea.

¡Cuando vivo de esta forma no hay ninguna «presión»! Puedo mirar al futuro con esperanza y confianza.

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